Admito haber probado Second Life. Lo admito con la vergüenza propia de alguien que consumió marihuana o cocaína por primera vez. Y hago esta precisión porque, al igual que los estupefacientes, Second Life es adictivo, incluso nocivo. Había leído historias sórdidas sobre cómo miles de personas sucumbieron a la tentación de ingresar a este mundo virtual y cómo, tras horas y horas frente al monitor, se convirtió en una First Life, quizás la Only Life, lo cual me dio miedo. Por eso entré a la página web y me bajé el software con la misma seguridad con la que un pastrulo va a un callejón barranquino en busca de droga.
Mi razón fue tan simple como patética: buscar amigos. Hacer amigos. Es que debemos ser francos: uno termina refugiándose en espacios como este porque se siente solo, porque el mundo real decepciona. Y Second Life te ofrece la posibilidad de encontrar amigos como tú quieres. Basta a entrar a grupos de interés –hay para todos los gustos– para interactuar con personas que comparten gustos contigo. Es más sencillo que ir a una fiesta y ver a alguien y querer acercarte y tener miedo y dudar y acercarte un poco más y tener miedo y alejarte y acercarte y al final no hacer nada. En Second Life es sencillo: click no más. Hacer click es más fácil, dicho sea de paso. Porque sentir que compartes intereses con alguien es más poderoso, incluso, que la atracción física. David Foster Wallace, autor de la novela La Broma Infinita, contaba que un chico y una chica se conocieron porque había leído su novela y se enamoraron y se casaron. Esto sucedió en la Real Life, imagínense qué pasaría si alguien que domina el klingon –dialecto del mundo Star Trek- ingresa a Second Life y conoce a otra persona klingonhablante. Click instantáneo. Esta afinidad genera amistad, quizás amor. Y sí, haces amigos, amigos que te valoran por lo que eres y no por cómo te ves físicamente. Todo parece bonito. Como decía Nancy Sinatra, “you only live twice, one for yourself, one for your dreams”. Y los usuarios de Second Life –personas cuya vida social no es tan placentera como la virtual– sí que viven sus sueños.
Con respecto a mi experiencia, debo decir que un virus provocó que formatee mi computadora y desaparezca Second Life. No lo he vuelto a instalar, pero la crueldad en la Real Life a veces me hace pensar en Second Life. Pero no. Me rehúso. Prefiero ser traicionado en vivo y en directo, choteado sin necesidad de cables y bytes, atropellado por la irracionalidad humana sin tener que estar frente a un monitor. Llámenme antisocial o intolerante o arcaico, pero prefiero quedarme solo antes que interactuar con muñequitos 3d manejados por seres miserables y aburridos que sueñan de manera digital y no hacen nada por cambiar el mundo real y convertirlo, precisamente, en una segunda vida, una que valga la pena vivir, una lejos de una pantalla y un teclado. Qué difícil, por cierto.
cover hecho por Bjork
original de Nancy Sinatra, bella canción!
C.B.


No response to “Solo vivimos dos veces”
Leave a Reply